La compañía

Una noche de invierno en este espacio vacío.

No solemos reparar en estos espacios. Como mucho descubres algo insospechado de tu pasado euclidiano, como que Eddy Mercx puso el pie donde tú pisas. Los vacíos cotidianos.

Este vacío de la foto, junto al río Urumea, en San Sebastián, lo ocupa para siempre un contenedor. Bueno, en realidad fueron 5 contenedores, pero es casi la idea del contenedor lo que cuenta.

Puede que un primer momento lo más formidable fuera hacer pan en un contenedor con Dan Lepard. Tener la suerte de que The Glutton Club/La Salsera volviera a obrar la magia y poder aprender a su lado. Ver el proceso de creación de una idea, de las recetas, el encuentro con las harinas y el horno… No obstante, más tarde, ya con los pies dentro del contenedor, todo fue la idea de hacer pan, la idea y la sensación de que todos hiciéramos pan, de la compañía. La compañía la forman todos los que pasaron por el obrador y pusieron manos en la masa; pero, en sentido más amplio, todos los que compartieron, incluso sin necesidad de acercarse a San Sebastián.

Como buen panadero casero, tiendo a pensar que hacer pan siempre es un hecho solitario, casi un rito íntimo con la harina y el agua, un encuentro con la pieza tras la fermentación y, finalmente, tras el horneado. Y, sin embargo, son tal vez los momentos de compañía los que brillan con más fuerza en el recuerdo. La construcción de El foro del pan, la celebración del primer PanForum en diciembre de 2010, los momentos pasados en The Loaf in a box. Sin duda, tratándose de pan, es el hecho de estirar la mano y ofrecer un trozo lo que cuenta. La compañía del pan.

Según pasa el tiempo, uno se da cuenta de que esa sucesión de espacios (primero vacíos, luego llenos, luego vacíos otra vez) es como un hilván delicado, donde la compañía va cosiendo las puntadas de la vida.

El verano de 2012, con las señoras que se pasaban a preguntar y se quedaban un rato compartiendo, los feligreses que llegaban de todos lados a distintas horas para comprobar que se había vuelto a acabar el pan, los panaderos recelosos y amistosos, los alumnos, las puertas de los contenedores que no cerraban bien.

La compañía.

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3 Comments

  1. Vanessa
    Posted 04.07.2013 at 09:47 | Permalink

    Bonito post. Precisamente tengo siempre esa sensación de soledad con la masa. Que, por otro lado, es preciosa, la idea de “tú y la masa”: tres son multitud. Pero echo de menos la experiencia de compartir, de aspirar el ambiente junto con otros que también lo disfrutan. Y parece que esto le sucede a muchos. No en balde existen grupos como el Foro del pan (el tuyo, que ahora es de todos) o los Amigos del pan casero (e incluso el de los Amigos de lo que se come con el pan casero) en el Facebook. Son grupos que bullen en un ir y venir de locura. Y a menudo leemos y escribimos lamentos sobre las distancias que nos separan, sobre la imposibilidad de asistir a este o a otro curso. Que, aparte de ser una oportunidad de aprender, es la excusa perfecta para panarrear al unísino. A pesar de todo, ¡bendita red la que nos consuela!

  2. Vanessa
    Posted 04.07.2013 at 10:01 | Permalink

    “unísono”. Ayyy…

  3. Posted 12.10.2014 at 08:00 | Permalink

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One Trackback

  1. [...] fin, tras dos años de vacío, vuelve The Loaf, esta vez lo hace para quedarse, ya fuera de “las [...]

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